Artículo publicado el 03 de Diciembre en Revista El Economista.

A nadie le gusta estar sobreendeudado, pero en caso de estarlo, la buena noticia es que nunca es tarde para empezar a rehabilitar la situación financiera.  Para salir de las deudas se requiere voluntad y trazar un plan que contenga metas.

Es común entre los ciudadanos quejarnos porque no llegamos a final de mes y lamentarnos porque el dinero no nos alcanza a hacer todo aquello que nos gustaría. Y, muchas veces, para poder abarcar más de lo que podemos permitirnos nos endeudamos. Pero lejos de lo que podemos pensar, gran cantidad de nuestras deudas no tienen que ver con cuánto ganamos, sino con la administración que hacemos de nuestro dinero. Aquí muestro los primeros síntomas para saber si estás sobreendeudado, como ver los créditos como un dinero extra: este síntoma empieza sobre todo cuando no se sabe controlar la forma de usar la tarjeta de crédito. Se acaba el dinero que tenemos para pasar el mes y no queremos bajar nuestro nivel de vida. Allí está ella, que nos permite seguir viviendo por encima de nuestras posibilidades.

Muchas veces se llega a ver como un dinero extra, pero en realidad no es así. La consecuencia inmediata es que es sobregasto hay que pagarlo al mes siguiente y quizás no disponemos de ese dinero, entonces se empiezan a fraccionar los pagos con intereses más altos y puede acabar convirtiéndose en una pelota muy peligrosa de frenar. Si comparamos ingresos y gastos y vemos que el dinero no nos alcanza, pero no sabemos con qué se nos va el efectivo, aquí se ha perdido el control de nuestras finanzas. Y aún puede empeorar más si se alcanza el límite de las tarjetas de crédito.

Facturas en rojo: pagar tarde las cuotas importantes, como el alquiler o la hipoteca, el coche, el móvil o incluso el gimnasio es un indicador de que no tenemos una buena planificación financiera. Con el riesgo que eso conlleva, no pagar los servicios que se prestan puede acabar con acciones legales. Sin duda, a nadie le gusta estar sobreendeudado, pero en caso de estarlo, la buena noticia es que nunca es tarde para empezar a rehabilitar la situación financiera. Para salir de las deudas, se requiere voluntad, pero también trazar un plan que contenga metas y objetivos que nos permitan cumplir con las obligaciones en un tiempo determinado. Educar a la sociedad sobre cómo gestionar las finanzas puede evitar que los ciudadanos caigan en el sobreendeudamiento.

El déficit de dinero es una cuestión que viene de muy lejos. Deudores y acreedores han existido desde el inicio de los tiempos. En la actualidad, todos podemos caer en bancarrota: desde grandes empresas a pequeñas, o incluso personas físicas. El concurso de acreedores puede ser el mecanismo para absolver nuestras deudas, una herramienta muy útil a la que siempre se le ha dado una visión negativa cuando puede ayudar a resolver nuestra situación financiera. Este concurso es la solución que permite que las personas o empresas endeudadas puedan pagar en función de un esfuerzo razonable, de lo contrario, se mantienen deudas imposibles de pagar por la persona.

Tenemos ejemplos recientes de empresas que han hecho público que se han presentado a un concurso de acreedores, es el caso reciente de la marca TCN. La firma ha sufrido la crisis del textil y no ha podido estabilizar ventas ni resultados en los últimos años. Ante la ausencia de inversores que asumieran las deudas, la empresa ha presentado concurso y quiere salvar el negocio vendiendo la unidad productiva en los juzgados.

Se educa a la gente en la bonanza y no en otras situaciones como puede ser la ruina económica y, cuando piden ayuda, es porque ya están al borde, sino de pleno, del colapso financiero. Esta es una mentalidad muy latina, algo muy diferente de lo que sucede en países como Estados Unidos. Por poner un ejemplo, el actual presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, declaró sus negocios en bancarrota hasta en seis ocasiones. La legislación estadounidense permite a las compañías borrar gran parte de su deuda una vez la han superado. Así, no queda huella de que han pasado por este procedimiento y no perjudica, en un futuro, el buen desarrollo del negocio.

En cambio, en España se estigmatiza a aquellos que se han visto abocados a acogerse a un procedimiento concursal de cualquier ámbito. Se les ve como personas que han tenido un fracaso en su proyecto económico y que difícilmente podrán recuperarse. Es un tema que vivimos muy de cerca desde nuestra Fundación. En la Fundación Nagel nos encontramos diariamente con colectivos en riesgo de exclusión social, sobre todo derivados del sobreendeudamiento. Para evitar situaciones como esta, promocionamos la educación financiera y económica en niños, adolescentes y adultos a través de seminarios y congresos. También es importante educar a la sociedad sobre cómo gestionan sus finanzas, una cuestión vital que se no lleva a la práctica y puede evitar caer en el sobreendeudamiento.

Recientemente hemos publicado el libro Visión Concursal, de la editorial Kant Ediciones, donde por primera vez trece magistrados de reconocido prestigio se han unido para explicar de manera clara el funcionamiento del concurso de acreedores. Quería acabar este artículo con una noticia positiva al respecto que hemos conocido a finales de este mes. Lograr el perdón judicial de las deudas que no se pueden pagar será más rápido y fácil, al menos en Barcelona. El Tribunal Mercantil de Barcelona ha aprobado un protocolo de actuación para acortar los plazos de tramitación del concurso de acreedores. Será así, siempre que las personas hayan llegado a esta situación de forma fortuita y lo hayan liquidado todo con su patrimonio.

En estos casos, el juez puede conceder lo que se conoce como el beneficio de exoneración del pasivo insatisfecho, es decir el perdón judicial definitivo. Así se abre el camino hacia la esperanza, porque siempre hay una segunda oportunidad para empezar de cero.

Raphael Nagel, presidente de Fundación Nagel